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El MEN, por medio de los Estándares básicos de Competencias en Lenguaje[1], formula los criterios que permiten juzgar a los estudiantes del sistema educativo nacional en esta área. Así los docentes, estamos llamados a formar personas capaces de interactuar con sus interlocutores, comprender y producir significados, organizar y estructurar conceptos, experiencias, etc. Y creo que para lograrlo, se hace necesario organizar nuestro currículo, más que por contenidos, por procesos que lleven al estudiante a constituirse como un lector crítico, no sólo en el área del lenguaje. Aclaro que, con este ensayo no pretendo juzgar o criticar modelos curriculares, sino, explicar cómo un currículo por procesos orienta el desarrollo de lectores críticos.
Para explicar que es un currículo por procesos, citaré algunos trabajos que se han hecho al respecto. Stephen Kemmis[2], propone un currículo crítico, el cual forme al hombre en la teoría y en la práctica; o sea, un hombre que construya y aplique teorías, que interprete el mundo subyacente de las formas ideológicas de dominación, de las maneras de distorsión de la comunicación, de la coerción social y se emancipe a través del trabajo cooperativo, auto reflexivo y dinámico. Por su parte, Magendzo[3] habla de un currículo comprensivo como aquel que traduce formas para enfrentar la propia vida; aquel que piensa la cultura como una gama antropológica de pluriculturismo; aquel que está en un proceso de búsqueda, de negociación, de valoración, de crecimiento y de confrontación entre la cultura universal y la cultura de la cotidianidad. Finalmente, Lawrence Stenhouse[4], dice que el currículo debe ser comprendido como una hipótesis de trabajo que se pone a prueba en la cotidianidad del aula, y que sirve como lugar desde el cual se observa, se analiza, se investiga y se transforma la práctica.
En este sentido, hablar de currículo por procesos, es hablar de un currículo que desarrolle al ser humano de forma integral. Más que transmitir conocimientos, conceptos o teorías, se trata de hacer que los estudiantes sean competentes en su contexto social para que así, además de analizar e interpretar problemas y plantear soluciones, sea un individuo que viva en comunidad, entendiendo el respeto hacia el otro y hacia la sociedad.
Al respecto, Pérez Abril[5] dice que, un currículo por procesos consolida al hombre en prácticas sociales, le permite constituirse como sujeto que respeta las variables culturales y simbólicas particulares… hacer un currículo por procesos es hacer del currículo un borrador que permite notar fortalezas y debilidades en los procesos que se organizan para la consecución de los logros, que a su vez, tienen un carácter flexible en el sentido que constituyen horizontes y no conductas por alcanzar.
Ahora bien, aclarado hasta el momento que es un currículo por procesos, voy a explicar quien es un lector crítico. Tradicionalmente en nuestras escuelas, hemos venido formando lectores alfabéticos, o sea, lectores que no ahondan un texto (escrito, icónico), lectores que no se preguntan mas sobre el texto, lectores que se conforman con lo explicito de un texto. De ahí, que los estudiantes (de cualquier nivel) muestren indiferencia hacia la lectura, no porque el texto no les guste, sino porque leer, les parece un acto aburrido, fastidioso y cansón. En otras palabras, aunque el MEN con los estándares nos fije criterios, todavía los docentes seguimos trabajando las áreas, como un sistema cerrado, totalmente ajustado a un plan de estudios que en la mayoría de los casos, se aleja de los contextos socio-comunicativos de nuestros estudiantes.
Entonces, es necesario que la escuela forme a sus estudiantes como lectores críticos, y para hacerlo, debemos replantear, inicialmente, nuestra concepción sobre lectura. Ya que, más que decodificar fonemas, leer es un proceso complejo en el que el lector comprende lo que lee, o sea que es capaz de reconstruir el significado global de un texto y expresarlo con sus propias palabras. Jurado Valencia[6] acerca de la lectura dice, que ha de asumirse como el acto de comprender e interpretar representaciones, sean de carácter lingüístico o de cualquier otra sustancia de expresión (se leen pinturas, fotografías, gestos, señales, fórmulas, ecuaciones, etc.).
Así, un lector crítico es aquel que no sólo lee e interpreta los elementos de la literatura, sino que además, lee e interpreta los elementos de otras áreas. En el caso de las ciencias o de las matemáticas es saber leer sus notaciones convencionales, y combinarlas para producir diversas representaciones respecto a los problemas que se plantean. La resolución de ecuaciones, es una práctica de abstracciones que tiene como fin dominar un universo, el de las matemáticas, que ayuda a cualificar las formas del razonamiento matemático y en la vida práctica, ayuda a cohesionar las formas lógicas del pensamiento[7].
¿Y por qué orientar el currículo a la formación de lectores críticos? Como se citó anteriormente, un currículo por procesos, desarrolla al individuo en su integralidad. Entonces, es un currículo que garantiza el desarrollo del estudiante en sus dimensiones cognitiva, comunicativa, estética y ética. La enseñanza del lenguaje y de las demás áreas, debe traspasar el mero hecho de seguir un orden de conceptos; hay que llevar al estudiante a relacionar las teorías con su realidad, hacer que el alumno relacione el texto con su contexto. No estoy diciendo, que vamos a ser desordenados en nuestra labor, porque el orden y la secuencia son importantes. Lo que pretendo afirmar es que, el docente debe enamorar a sus estudiantes hacia su área para que dejen de verla como algo que fastidia, y la entiendan como el área que le brinda herramientas para vivir mejor el mañana. Sobre esto, Jurado Valencia dice, el profesor tiene que mostrar sus dominios cognitivos y sus competencias comunicativas en el contexto del aula: saber transponer –colocar en otro contexto– los códigos de una ciencia. Este es un paso definitivo y decisivo para ayudar a que los estudiantes lean adecuadamente los códigos de las disciplinas y sepan usarlos con entusiasmo: intuir que no es la ciencia lo que está allí en el habla del profesor, sino una representación sobre la ciencia, es decir, un juego con las representaciones del conocimiento –o los modos como es representado el conocimiento– que solo podrá esclarecerse en la lectura aguda de las fuentes primarias en un tiempo distinto al del salón de clase[8].
El MEN, por medio de los Estándares básicos de Competencias en Lenguaje[1], formula los criterios que permiten juzgar a los estudiantes del sistema educativo nacional en esta área. Así los docentes, estamos llamados a formar personas capaces de interactuar con sus interlocutores, comprender y producir significados, organizar y estructurar conceptos, experiencias, etc. Y creo que para lograrlo, se hace necesario organizar nuestro currículo, más que por contenidos, por procesos que lleven al estudiante a constituirse como un lector crítico, no sólo en el área del lenguaje. Aclaro que, con este ensayo no pretendo juzgar o criticar modelos curriculares, sino, explicar cómo un currículo por procesos orienta el desarrollo de lectores críticos.
Para explicar que es un currículo por procesos, citaré algunos trabajos que se han hecho al respecto. Stephen Kemmis[2], propone un currículo crítico, el cual forme al hombre en la teoría y en la práctica; o sea, un hombre que construya y aplique teorías, que interprete el mundo subyacente de las formas ideológicas de dominación, de las maneras de distorsión de la comunicación, de la coerción social y se emancipe a través del trabajo cooperativo, auto reflexivo y dinámico. Por su parte, Magendzo[3] habla de un currículo comprensivo como aquel que traduce formas para enfrentar la propia vida; aquel que piensa la cultura como una gama antropológica de pluriculturismo; aquel que está en un proceso de búsqueda, de negociación, de valoración, de crecimiento y de confrontación entre la cultura universal y la cultura de la cotidianidad. Finalmente, Lawrence Stenhouse[4], dice que el currículo debe ser comprendido como una hipótesis de trabajo que se pone a prueba en la cotidianidad del aula, y que sirve como lugar desde el cual se observa, se analiza, se investiga y se transforma la práctica.
En este sentido, hablar de currículo por procesos, es hablar de un currículo que desarrolle al ser humano de forma integral. Más que transmitir conocimientos, conceptos o teorías, se trata de hacer que los estudiantes sean competentes en su contexto social para que así, además de analizar e interpretar problemas y plantear soluciones, sea un individuo que viva en comunidad, entendiendo el respeto hacia el otro y hacia la sociedad.
Al respecto, Pérez Abril[5] dice que, un currículo por procesos consolida al hombre en prácticas sociales, le permite constituirse como sujeto que respeta las variables culturales y simbólicas particulares… hacer un currículo por procesos es hacer del currículo un borrador que permite notar fortalezas y debilidades en los procesos que se organizan para la consecución de los logros, que a su vez, tienen un carácter flexible en el sentido que constituyen horizontes y no conductas por alcanzar.
Ahora bien, aclarado hasta el momento que es un currículo por procesos, voy a explicar quien es un lector crítico. Tradicionalmente en nuestras escuelas, hemos venido formando lectores alfabéticos, o sea, lectores que no ahondan un texto (escrito, icónico), lectores que no se preguntan mas sobre el texto, lectores que se conforman con lo explicito de un texto. De ahí, que los estudiantes (de cualquier nivel) muestren indiferencia hacia la lectura, no porque el texto no les guste, sino porque leer, les parece un acto aburrido, fastidioso y cansón. En otras palabras, aunque el MEN con los estándares nos fije criterios, todavía los docentes seguimos trabajando las áreas, como un sistema cerrado, totalmente ajustado a un plan de estudios que en la mayoría de los casos, se aleja de los contextos socio-comunicativos de nuestros estudiantes.
Entonces, es necesario que la escuela forme a sus estudiantes como lectores críticos, y para hacerlo, debemos replantear, inicialmente, nuestra concepción sobre lectura. Ya que, más que decodificar fonemas, leer es un proceso complejo en el que el lector comprende lo que lee, o sea que es capaz de reconstruir el significado global de un texto y expresarlo con sus propias palabras. Jurado Valencia[6] acerca de la lectura dice, que ha de asumirse como el acto de comprender e interpretar representaciones, sean de carácter lingüístico o de cualquier otra sustancia de expresión (se leen pinturas, fotografías, gestos, señales, fórmulas, ecuaciones, etc.).
Así, un lector crítico es aquel que no sólo lee e interpreta los elementos de la literatura, sino que además, lee e interpreta los elementos de otras áreas. En el caso de las ciencias o de las matemáticas es saber leer sus notaciones convencionales, y combinarlas para producir diversas representaciones respecto a los problemas que se plantean. La resolución de ecuaciones, es una práctica de abstracciones que tiene como fin dominar un universo, el de las matemáticas, que ayuda a cualificar las formas del razonamiento matemático y en la vida práctica, ayuda a cohesionar las formas lógicas del pensamiento[7].
¿Y por qué orientar el currículo a la formación de lectores críticos? Como se citó anteriormente, un currículo por procesos, desarrolla al individuo en su integralidad. Entonces, es un currículo que garantiza el desarrollo del estudiante en sus dimensiones cognitiva, comunicativa, estética y ética. La enseñanza del lenguaje y de las demás áreas, debe traspasar el mero hecho de seguir un orden de conceptos; hay que llevar al estudiante a relacionar las teorías con su realidad, hacer que el alumno relacione el texto con su contexto. No estoy diciendo, que vamos a ser desordenados en nuestra labor, porque el orden y la secuencia son importantes. Lo que pretendo afirmar es que, el docente debe enamorar a sus estudiantes hacia su área para que dejen de verla como algo que fastidia, y la entiendan como el área que le brinda herramientas para vivir mejor el mañana. Sobre esto, Jurado Valencia dice, el profesor tiene que mostrar sus dominios cognitivos y sus competencias comunicativas en el contexto del aula: saber transponer –colocar en otro contexto– los códigos de una ciencia. Este es un paso definitivo y decisivo para ayudar a que los estudiantes lean adecuadamente los códigos de las disciplinas y sepan usarlos con entusiasmo: intuir que no es la ciencia lo que está allí en el habla del profesor, sino una representación sobre la ciencia, es decir, un juego con las representaciones del conocimiento –o los modos como es representado el conocimiento– que solo podrá esclarecerse en la lectura aguda de las fuentes primarias en un tiempo distinto al del salón de clase[8].
Referencias:
[1] Estándares básicos de Competencias. Documento No. 3, Ministerio de Educación Nacional, 2006.
[2] KEMMIS, Stephen, El currículo: más allá de la teoría de la reproducción. Citado por Mauricio Pérez Abril, ¿Indicadores de logros? Una mirada desde los procesos curriculares. Revista Educación y cultura No. 43, 1997.
[3] Modelos curriculares. En línea: agosto 5-09. http://www.areadelasalud.com/files/curr_culo_y_pedagog_A.doc
[4] STHENHOUSE, Lawrence. Investigación y desarrollo del currículo. Citado por Mauricio Pérez Abril. Op. cit, pág. 7
[5] PEREZ ABRIL, Mauricio. ¿Indicadores de logros? Una mirada desde los procesos curriculares. Revista Educación y cultura No. 43, 1997.
[6] JURADO VALENCIA, Fabio. Formación de lectores críticos. Revista Iberoamericana de Educación No. 46. En línea: http://www.educarte.edu.co/
[7]JURADO VALENCIA, Fabio. Ibíd., pág. 4
[8]JURADO VALENCIA, Fabio. Ibíd., pág. 5
